Aroma, no resuelto en el marco de lo común,
despliega sus intensiones sobre el objetivo débil,
se envuelve y se acomoda de manera sutil, imperceptible,
atmosfera creada de intensión pura.
Se mete en la voluntad del que la ama, lo seduce,
doblegando sus acciones y resumiéndolas en lo que ella desea,
adueñándose de lo queda de esa existencia casi efimera,
sin piedad, sin consideración a ese respirar agitado e impaciente.
Condenado a su mirada, a aquel aliento que enloquece,
no hay salida del laberinto de sus besos, enriqueciendo la demencia,
ondulado fondo que hace que esa luz se magnifique sobre la realidad,
oscuridad eterna que desaparece brevemente cuando aparece la tentación.
Superficie perfecta que inmuta toda cordura, impaciente por siempre,
el muere en su abrazo cargado de tristeza, tristeza feliz, tristeza fugaz,
no hay otro nido que se desee en momentos así, no importa nada mas,
si se vive o se muere, en la cordura o la locura.
Nunca sabrá si es un sueño, o es la bendita y pesada realidad,
no hay salida del laberinto de sus besos, ni quiere que la haya,
abstenerse de sentir ya no es la opción mas cuerda, ni mas decente,
que importa ahora si es cordura, o si es locura, ya no importa mas que amar.
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